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ENFOQUE CUBANO

Periodismo Cultural

De la Nostalgia a la Metamorfosis


Por: Ismael Almeida.
El miércoles 18 de febrero de 2026, el Teatro Cervantes se convirtió en un espacio de distinción y riesgo sonoro con el tributo “Alborada – The Beatles”.
La apertura con Trijazz y Marcia Delgado
La velada comenzó con Trijazz, agrupación valdiviana liderada por el tecladista David Montaña junto a Eduardo Díaz y la voz de Marcia Delgado como eje emocional, el conjunto interpretó clásicos como “Forever and Ever”, popularizada por Demis Roussos, “Il Mondo”, “Moon River” y “Take Five”. El inicio fue cálido e íntimo, preparando al público para la reinterpretación central.













Alborada y la reinvención del repertorio
Alborada asumió el desafío mayor. Bajo la dirección musical de Manuel Contreras y con Vicente Aguilera en la voz, la agrupación evitó la reproducción literal de las canciones. El concepto “Beatles al estilo 2026” se reflejó en arreglos que combinaron matices barrocos, bossa nova, reggae y ritmos latinos, manteniendo las líneas melódicas originales.

Variedad tímbrica y apuesta interpretativa
La base rítmica de Alfredo Quezada y Francisco Medina sostuvo los nuevos arreglos, mientras que el violín de Rodolfo Matamala y la flauta traversa de Paula Contreras aportaron variedad tímbrica. La combinación permitió que cada versión adquiriera nuevos colores sin perder la esencia de los clásicos.

La reacción del público
El público fue el termómetro final. Los aplausos sostenidos y las reacciones en la platea confirmaron que la innovación y la memoria musical pueden convivir. La noche dejó en claro que los clásicos pueden renacer bajo nuevas formas cuando la audacia se respalda con oficio y sensibilidad.

Selva y teclas



Por Ismael Almeida.     
Valdivia, 11 de febrero de 2026 La tarde del 10 de febrero, el Teatro Regional Cervantes se transformó en un ecosistema vivo. El pianista y compositor chileno Alejandro Arévalo Berríos presentó su obra Bosque Sonoro Oncol, una propuesta en la que interpretación y composición se funden en una experiencia inmersiva inspirada en el paisaje y la biodiversidad del sur de Chile.



Un viaje por ocho ecosistemas

El programa fue concebido como un recorrido físico y emocional por la geografía del Parque Oncol a través de ocho piezas originales: “El Renoval del Canelo”, “El Terremoto y el Canelo”, “El Avellano”, “La Fragilidad del Canelo”, “El Gran Mañío”, “La Columna de Mármol”, “El Estero Mágico” y “Las Ranitas y sus Trajes”.

Más que simples composiciones, estas obras funcionan como crónicas sonoras de carácter dramático, cargadas de una poética que dialoga con la memoria del bosque y su condición de territorio endémico. En ellas, Arévalo explora la dualidad del entorno natural: la solidez monumental de los árboles centenarios convive con la vulnerabilidad de sus formas de vida más pequeñas. El piano, en su amplio registro dinámico y tímbrico, sugiere raíces profundas, movimientos telúricos y flujos de agua, construyendo una cartografía emocional del paisaje.




Diálogo inmersivo

Lo vivido en el Cervantes fue una cuidada puesta en escena multimedia. Arévalo incorporó proyecciones audiovisuales integradas orgánicamente a su proceso creativo, articuladas como parte de una narrativa poética que dialogó de manera constante con la interpretación. En ese cruce de lenguajes, el piano dejó de ser solo un instrumento para convertirse en guía del entorno.

El soporte visual no operó como mero acompañamiento, sino como un componente estructural de la experiencia, diluyendo la distancia entre escenario y audiencia y transmitiendo a los asistentes la atmósfera y la sensibilidad del paisaje evocado.




El cierre íntimo

Tras recorrer los senderos de su obra programada, el músico rompió la solemnidad para acercarse al público. Ante la ovación, consultó si deseaban escuchar una pieza adicional y ofreció como bis El Romance de Gabriela.

Dedicada a su esposa, la obra funcionó como un epílogo íntimo y humano: un recordatorio de que, aunque la naturaleza sea vasta y majestuosa, el impulso último de la creación artística nace del afecto. El concierto fue, en definitiva, un ejercicio de sensibilidad ecológica y emocional que permitió caminar por el bosque sin moverse del asiento.





Broadway en Valdivia


 Por: Ismael Almeida
El escenario del Teatro Regional Cervantes acogió una propuesta que traslada el lenguaje del teatro musical neoyorquino a la capital fluvial. Caterina Asturiana y Matías Schwartz conforman un dúo cuya fuerza no reside en la nostalgia fácil, sino en el dominio técnico y la coherencia interpretativa que ambos despliegan sobre el escenario.

Presencia escénica y formación sólida
Asturiana demuestra por qué su formación en la Mannes School of Music de Nueva York le permite abordar un repertorio exigente con solvencia. Su voz —entrenada en los cánones del canto lírico— se despliega sin artificios electrónicos, con un control del registro que sostiene tanto los pasajes íntimos como los momentos de plena proyección. No se limita a cantar: habita cada pieza con una intención dramática que revela estudio sistemático y madurez escénica.


El piano como contrapunto dramático
Un momento definitorio de la velada fue el espacio solista concedido a Matías Schwartz. Lejos de cumplir un rol acompañante, su piano se erigió en protagonista con una técnica depurada y un sentido rítmico que elevó la tensión narrativa del concierto. La interacción entre ambos músicos no fue de acompañamiento, sino de diálogo: un equilibrio de fuerzas que enriqueció la experiencia auditiva.



















Repertorio: del Golden Age al contemporáneo 

El programa transitó por hitos del Golden Age of Broadway y obras posteriores, incluyendo selecciones de:
 
 • West Side Story (Amor sin barreras), Funny Girl y Cabaret. 
 • The Phantom of the Opera, Jekyll & Hyde y temas de películas con estética broadwayense como La La Land. 

Cabe señalar que, si bien La La Land no forma parte del canon teatral de Broadway —es una película musical de 2016—, su inclusión funcionó como puente generacional hacia un público familiarizado con el lenguaje cinematográfico del género. 

La velada del 30 de enero no ofreció un recital de covers, sino una demostración de oficio. Asturiana y Schwartz validan que el estándar técnico asociado a Broadway puede ejecutarse con rigor en contextos locales, sin concesiones. Una noche donde la disciplina artística —más que el brillo efímero— fue la protagonista. 

  Registro documental 

 • Evento: Broadway Show (Asturiana/Schwartz) 
 • Lugar: Teatro Regional Cervantes, Valdivia 
 • Fecha: 30 de enero de 2026

“Noche de Solidaridad”

 

Por: Ismael Almeida.

La noche de solidaridad con Cuba en Valdivia contó con las exitosas actuaciones de la cantora chilena Fabiola Scheihing y el invitado especial, el trovador cubano Adrián Berazaín. La fundación chilena VarSot, con cinco años dedicados a la solidaridad con la Mayor de las Antillas, fue la encargada de gestar este encuentro.

La velada forma parte de una gira programada por varias ciudades de Chile. Esta noche fue dedicada a la "Perla del Sur" bajo la conducción del periodista Juan Yilorm Martínez, quien, desde su profundo sentimiento de amor a la isla, abogó por una solidaridad comprometida en estos difíciles momentos. La presentación de lujo se efectuó este viernes 16 de enero de 2026 en el K'runga Restobar de la avenida Alemania, en Valdivia, Región de Los Ríos.


Fabiola Scheihing Pangui es una destacada cantora, instrumentista y artista visual valdiviana, cuya propuesta artística está profundamente ligada al territorio, la memoria y la naturaleza de la zona. Fabiola define y proyecta su obra desde la observación del entorno natural (el Wallmapu); su música tiene una fuerte raíz folclórica y latinoamericana, vinculándose con el canto desde una perspectiva política, humana y poética.


Por su parte, Adrián Berazaín Azcuy, conocido popularmente como "el Berita", es uno de los cantautores cubanos más influyentes de la generación actual. Su propuesta destaca por fusionar la trova tradicional con el pop-rock y ritmos cubanos como el son. Graduado como diseñador gráfico en el Instituto Superior de Diseño (ISDI) de La Habana, suele integrar esta profesión en la estética de su obra visual y musical. Su estilo es una mezcla de trova, pop y rock, con letras inteligentes que abordan desde el amor hasta temas sociales. Toca la guitarra y es reconocido por su destreza con la armónica.

La elección de pedir a Fabiola que compartiera escenario con Berazaín no pudo ser más acertada; lo digo desde el conocimiento de la obra y las condiciones de ambos artistas. Berazaín reconoció que la chilena dejó el listón muy alto con su peculiar estilo de interpretar la música de Violeta Parra, Víctor Jara y otros referentes latinoamericanos.

Berazaín se encargó de “calentar motores” con temas de su autoría, armando su narrativa musical con el virtuosismo que ha ido puliendo con los años. Tocando la guitarra y la armónica, demostró el sello musical con el que ha escalado en el estatus artístico de la isla. Fiel heredero de los grandes, cantó temas emblemáticos de la Nueva Trova; esos que son obligados cada vez que se rinde homenaje a Cuba: la obra de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.  




Fuimos testigos de una emotiva jornada donde, con mucho esfuerzo, la Fundación VarSot va despertando el sentimiento de entrega, convocando a coterráneos y amigos. Los interesados pueden unirse al esfuerzo de la entidad que lidera don Rodrigo Devia Ilabaca, quien no solo preside la organización, sino que es su principal vocero y gestor. Bajo su dirección, la fundación ha pasado de ser un grupo de amigos en el puerto de San Antonio a una organización con impacto internacional en los lazos de cooperación entre Chile y Cuba.


Valdivia escucha...

Por: Ismael Almeida.

Valdivia, 13 de diciembre de 2025. El encuentro entre Solar y Dinastía Moon —dos propuestas musicales de distintas generaciones— refleja una de las apuestas curatoriales del Festival Fluvial: al generar diálogos inusuales dentro del panorama musical chileno.

Desde sus inicios, Fluvial ha buscado ir más allá de la simple exhibición, proponiéndose como un espacio de cruce. Este año, esa intención se materializó al programar en una misma noche a Solar, una banda con raíces en el rock alternativo chileno, y a Dinastía Moon, una agrupación emergente de sonido psicodélico e instrumental.

La elección del Teatro Regional Cervantes como sede no fue casual. Aunque su estructura de hormigón ha resistido incluso al terremoto de 1960, su interior —con su escenario de madera y su acústica íntima— ofrece un marco singular para encuentros musicales. Durante la noche, el sonido de los altavoces hizo vibrar levemente los tablones del piso, recordando que, aunque el edificio no se conmueve, sí lo hace quien lo habita.



























La noche comenzó con Dinastía Moon. Sin presentaciones ni palabras, la banda originaria de Cartagena se plantó en el escenario y desplegó un rock instrumental preciso y atmosférico. Su propuesta, marcada por texturas psicodélicas y una energía contenida, capturó rápidamente la atención del público. A lo largo de su set, se notó una madurez escénica que contrasta con su juventud como agrupación.

Más tarde, Solar tomó el escenario. Formada en Santiago en la década de 1990, la banda ha transitado distintas etapas del rock alternativo chileno. Su sonido, construido sobre guitarras intensas y arreglos cuidados, resonó con la complicidad de un público que reconoció en sus temas una parte de su propia historia. Entre sus integrantes se encontraban Alejandro Gómez (voz y guitarra), Ricardo Contesse (guitarra y coros) y Javier Pañella (teclados).

La transición entre ambas propuestas no se sintió como un salto, sino como una conversación. No hubo jerarquías: una banda abrió caminos con su frescura; la otra los recorrió con oficio. El público, atento y participativo, respondió con aplausos prolongados al cierre del concierto, en un gesto que pareció más agradecimiento que simple cortesía.

Al salir del teatro, la humedad característica de Valdivia envolvió a quienes aún comentaban lo que acababan de escuchar. Las luces de la costanera y la calma del Río Calle-Calle completaban una noche en la que, sin artificios, la música logró algo raro: que dos generaciones sonaran al unísono.

Lo que ocurrió en el Cervantes no fue solo un concierto. Fue un recordatorio de que el rock chileno sigue en movimiento: no como una línea recta, sino como un curso cambiante, donde lo nuevo y lo consolidado pueden compartir el mismo espacio, sin perder su identidad.

ENFOQUE CUBANO

Publicación Documental & Memoria Patrimonial

Fundada en La Habana, 2009 • Valdivia, Chile