Noche de Identidad en Valdivia
Por: Ismael Almeida
Valdivia, 5 de febrero de 2026 – El eco de los aplausos aún resuena en las paredes del Teatro Regional Cervantes. La inauguración del XVII Festival Internacional de Folclor Latinoamericano, organizado por la Asociación Internacional de Folclor Latinoamericano —sección Chile— (AIFL Chile), no fue solo un evento cultural, sino un testimonio sonoro y visual de la hermandad que une a nuestro continente.
Voces de fraternidad
La velada comenzó con la solemne bienvenida donde los organizadores enfatizaron que este encuentro es un puente de "tradición y hermandad cultural". Se destacó el papel fundamental de la Corporación Cultural AIFL Chile en la gestión de este espacio, recordando que el folclor latinoamericano sigue vibrando con fuerza en el siglo XXI gracias a la dedicación de jóvenes talentos y al esfuerzo de una organización que nació en el sur de Chile para proyectarse al mundo.
A medida que avanzaba la noche, cada delegación transformó el escenario en un mapa vivo de sus tierras:
• Brasil (Grupo Parafolclórico Katamalejo): Su presentación desbordó una energía rítmica, seducción y elegancia que contagió de inmediato a los asistentes.
• Colombia (Agrupación Cuota Creativa) y Ecuador (Corporación Antonio Santos): Aportaron la elegancia y el color de sus raíces, recibiendo ovaciones que confirman el aprecio del público valdiviano por la calidad interpretativa internacional.
• México (Ballet San Blas): Cerró con una demostración de dominio coreográfico y pasión que emocionó a la audiencia hasta el último segundo.
El orgullo local: Entre Lagos y Cordillera y la Compañía Folclórica de Valdivia
Los anfitriones chilenos no solo estuvieron a la altura, sino que fueron el corazón de la jornada. La Compañía Entre Lagos y Cordillera y la Compañía Folclórica de Valdivia ratificaron el legado cultural del sur de Chile con ejecuciones impecables. En el ambiente se percibió el estruendo del público al reconocer la identidad propia en el escenario, un momento de comunión donde el talento local se fundió con el de sus hermanos extranjeros.
Quizás el momento más auténtico y fuera de programa fue ver a una pequeña niña saltar al pasillo del teatro. Impulsada por el ritmo y el entusiasmo de los bailarines, su baile espontáneo recordando que el folclor no es algo del pasado, sino un legado vivo que se transmite por contagio directo del alma.
Un legado que recorre Los Ríos.
La noche cerró con la certeza de que este XVII Festival ha logrado, una vez más, que la danza sea el lenguaje común de la paz. Pero la fiesta no termina aquí: este despliegue de tradición iniciará ahora una gira por diversas comunas de la Región de Los Ríos, llevando la magia de Colombia, México, Brasil, Ecuador y Chile a todos los rincones del sur del país.














