Valdivia escucha...
Por: Ismael Almeida.
Valdivia, 13 de diciembre de 2025. El encuentro entre Solar y Dinastía Moon —dos propuestas musicales de distintas generaciones— refleja una de las apuestas curatoriales del Festival Fluvial: al generar diálogos inusuales dentro del panorama musical chileno.
Desde sus inicios, Fluvial ha buscado ir más allá de la simple exhibición, proponiéndose como un espacio de cruce. Este año, esa intención se materializó al programar en una misma noche a Solar, una banda con raíces en el rock alternativo chileno, y a Dinastía Moon, una agrupación emergente de sonido psicodélico e instrumental.
La elección del Teatro Regional Cervantes como sede no fue casual. Aunque su estructura de hormigón ha resistido incluso al terremoto de 1960, su interior —con su escenario de madera y su acústica íntima— ofrece un marco singular para encuentros musicales. Durante la noche, el sonido de los altavoces hizo vibrar levemente los tablones del piso, recordando que, aunque el edificio no se conmueve, sí lo hace quien lo habita.
La noche comenzó con Dinastía Moon. Sin presentaciones ni palabras, la banda originaria de Cartagena se plantó en el escenario y desplegó un rock instrumental preciso y atmosférico. Su propuesta, marcada por texturas psicodélicas y una energía contenida, capturó rápidamente la atención del público. A lo largo de su set, se notó una madurez escénica que contrasta con su juventud como agrupación.
Más tarde, Solar tomó el escenario. Formada en Santiago en la década de 1990, la banda ha transitado distintas etapas del rock alternativo chileno. Su sonido, construido sobre guitarras intensas y arreglos cuidados, resonó con la complicidad de un público que reconoció en sus temas una parte de su propia historia. Entre sus integrantes se encontraban Alejandro Gómez (voz y guitarra), Ricardo Contesse (guitarra y coros) y Javier Pañella (teclados).
La transición entre ambas propuestas no se sintió como un salto, sino como una conversación. No hubo jerarquías: una banda abrió caminos con su frescura; la otra los recorrió con oficio. El público, atento y participativo, respondió con aplausos prolongados al cierre del concierto, en un gesto que pareció más agradecimiento que simple cortesía.
Al salir del teatro, la humedad característica de Valdivia envolvió a quienes aún comentaban lo que acababan de escuchar. Las luces de la costanera y la calma del Río Calle-Calle completaban una noche en la que, sin artificios, la música logró algo raro: que dos generaciones sonaran al unísono.
Lo que ocurrió en el Cervantes no fue solo un concierto. Fue un recordatorio de que el rock chileno sigue en movimiento: no como una línea recta, sino como un curso cambiante, donde lo nuevo y lo consolidado pueden compartir el mismo espacio, sin perder su identidad.
Valdivia, 13 de diciembre de 2025. El encuentro entre Solar y Dinastía Moon —dos propuestas musicales de distintas generaciones— refleja una de las apuestas curatoriales del Festival Fluvial: al generar diálogos inusuales dentro del panorama musical chileno.
Desde sus inicios, Fluvial ha buscado ir más allá de la simple exhibición, proponiéndose como un espacio de cruce. Este año, esa intención se materializó al programar en una misma noche a Solar, una banda con raíces en el rock alternativo chileno, y a Dinastía Moon, una agrupación emergente de sonido psicodélico e instrumental.
La elección del Teatro Regional Cervantes como sede no fue casual. Aunque su estructura de hormigón ha resistido incluso al terremoto de 1960, su interior —con su escenario de madera y su acústica íntima— ofrece un marco singular para encuentros musicales. Durante la noche, el sonido de los altavoces hizo vibrar levemente los tablones del piso, recordando que, aunque el edificio no se conmueve, sí lo hace quien lo habita.
La noche comenzó con Dinastía Moon. Sin presentaciones ni palabras, la banda originaria de Cartagena se plantó en el escenario y desplegó un rock instrumental preciso y atmosférico. Su propuesta, marcada por texturas psicodélicas y una energía contenida, capturó rápidamente la atención del público. A lo largo de su set, se notó una madurez escénica que contrasta con su juventud como agrupación.
Más tarde, Solar tomó el escenario. Formada en Santiago en la década de 1990, la banda ha transitado distintas etapas del rock alternativo chileno. Su sonido, construido sobre guitarras intensas y arreglos cuidados, resonó con la complicidad de un público que reconoció en sus temas una parte de su propia historia. Entre sus integrantes se encontraban Alejandro Gómez (voz y guitarra), Ricardo Contesse (guitarra y coros) y Javier Pañella (teclados).
La transición entre ambas propuestas no se sintió como un salto, sino como una conversación. No hubo jerarquías: una banda abrió caminos con su frescura; la otra los recorrió con oficio. El público, atento y participativo, respondió con aplausos prolongados al cierre del concierto, en un gesto que pareció más agradecimiento que simple cortesía.
Al salir del teatro, la humedad característica de Valdivia envolvió a quienes aún comentaban lo que acababan de escuchar. Las luces de la costanera y la calma del Río Calle-Calle completaban una noche en la que, sin artificios, la música logró algo raro: que dos generaciones sonaran al unísono.
Lo que ocurrió en el Cervantes no fue solo un concierto. Fue un recordatorio de que el rock chileno sigue en movimiento: no como una línea recta, sino como un curso cambiante, donde lo nuevo y lo consolidado pueden compartir el mismo espacio, sin perder su identidad.














