Testosterona
“Cada evento trágico para mi madre era el fin del mundo”
Por: Ismael Almeida.El domingo 12 de julio de 2026, el Teatro Regional Cervantes de Valdivia recibió Testosterona, una ambiciosa coproducción argentino-chilena fruto del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) y el Festival Teatro a Mil. La obra llegó al sur de Chile precedida por un reconocimiento significativo: haber sido declarada de interés cultural por la Legislatura de Buenos Aires en 2025.
Bajo la dirección de la realizadora argentina Lorena Vega y con el protagonismo del escritor y periodista Cristian Alarcón, la función convocó a una sala colmada que respondió con una ovación a una propuesta de urgente vigencia artística y social.
Un montaje como Testosterona exige ir más allá de la descripción de lo que ocurre sobre el escenario; obliga a reflexionar sobre las preguntas que instala y las memorias que decide poner en circulación. Hay en esta obra una responsabilidad ética: la de asumir el riesgo de abrir debates necesarios sobre la memoria, la identidad y las violencias históricas, convirtiendo el escenario en un territorio de denuncia frente a las marcas que el poder ha dejado en los cuerpos.
El trauma transmutado: la renuncia a la victimización
El núcleo dramático se sitúa en un territorio incómodo y profundamente doloroso: la memoria de un niño de entre seis y ocho años sometido a un tratamiento hormonal destinado a corregir su identidad y «masculinizarlo». Un punto de partida que, en manos menos rigurosas, habría derivado en el melodrama de la autocompasión. Sin embargo, la dramaturgia —firmada por Cristian Alarcón y Lorena Vega— opta por un camino mucho más complejo.
El autor no amplifica su trauma desde la revictimización. No hay complacencia en el dolor del niño vulnerado; el acontecimiento traumático aparece como un hecho decisivo que impulsa un proceso de resistencia y se convierte en el motor de una emancipación personal, política y artística. Al renunciar al lugar de la víctima pasiva, Alarcón logra una operación narrativa de notable eficacia: transformar un testimonio íntimo en una reflexión que interpela a la sociedad entera.
Su cuerpo en escena —atravesado por las huellas de una biografía intervenida— se convierte en el vehículo desde el cual hablar también por quienes nunca pudieron hacerlo. La dramaturgia establece un puente explícito entre las terapias de conversión contemporáneas y los experimentos hormonales realizados sobre prisioneros homosexuales durante el régimen nazi.
Al incorporar esta dimensión histórica, la obra demuestra que la intervención forzada sobre los cuerpos no es un episodio aislado, sino una manifestación extrema de las múltiples formas de control y disciplinamiento ejercidas sobre la diversidad.
Discurso contemporáneo y mutación escénica
Uno de los mayores aciertos de la puesta en escena radica en su capacidad para articular un discurso contemporáneo donde la tecnología y los lenguajes híbridos no desplazan al relato, sino que lo potencian.
Testosterona no responde al modelo tradicional del teatro de texto; se construye como un biodrama que entrelaza memoria personal, documentación histórica y recursos performativos. La obra comienza con la sobriedad de una conferencia performática, un espacio donde el periodista comparte investigaciones y antecedentes sobre la hormona que da título a la pieza y sobre las prácticas que marcaron su infancia.
Sin embargo, ese marco inicial pronto se fractura. La escena deriva hacia el baile, la celebración nocturna, el despertar del deseo y la reafirmación del goce corporal como expresión irrenunciable de libertad.
La presencia de plantas vivas en escena —el ciclo de la semilla y el crecimiento de las plantas— funciona como una metáfora del desarrollo natural frente a la manipulación artificial de los cuerpos. El diseño del movimiento y las atmósferas sonoras envuelven a la audiencia, logrando que el tránsito desde la Patagonia de los años setenta hasta las proyecciones del presente sea una experiencia sensorial de gran coherencia.
La vigencia de los temas sacude porque las preguntas que instala siguen abiertas: ¿De qué formas continúa el entramado social imponiendo modelos de masculinidad? ¿Cómo resiste quien es obligado a ajustarse a una norma que violenta su propia identidad?
Arte e inclusión en el Cervantes
No puede separarse el impacto de la obra del contexto en que fue presentada. La función en el Teatro Regional Cervantes estuvo acompañada por una decisión que merece ser destacada: bajo el alero de la Asociación Patrimonial Cultural de la Región de Los Ríos, se implementó una política de acceso gratuito para personas cuidadoras, extendiendo el beneficio a las personas cuidadas y a sus acompañantes.
Este gesto establece una valiosa coherencia entre el contenido de la obra y una política concreta de acceso. Que un montaje centrado en la autonomía del cuerpo, la memoria y el cuidado llegue al público mediante una iniciativa de estas características refuerza el sentido de la experiencia artística más allá de la escena.
Testosterona confirmó en Valdivia que el teatro contemporáneo conserva intacta su capacidad para interpelar y abrir espacios de reflexión sobre heridas que siguen formando parte de nuestra historia. Lejos de instalarse en el lamento, la obra transforma una experiencia profundamente personal en memoria compartida y convierte el escenario en un lugar donde esas heridas pueden ser nombradas, discutidas y resignificadas.
Biodrama es un género de teatro documental que transforma la vida real de personas vivas en material escénico. Este concepto fue creado a principios de los años 2000 por la directora y curadora argentina Vivi Tellas, consolidándose como una de las propuestas más influyentes del teatro posdramático latinoamericano.
Ficha Técnica y Artística
La obra es una coproducción internacional de gran nivel, uniendo lazos entre el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) y la Fundación Teatro a Mil de Chile, y ha sido declarada de interés cultural en Buenos Aires.Dirección: Lorena Vega (destacada actriz y directora argentina).
Dramaturgia: Cristian Alarcón y Lorena Vega.
Elenco / Performers en escena: Cristian Alarcón y Tomás de Jesús (acompañados en el desarrollo por Santiago Kuster).
Investigación Periodística: Anahí Farji, Alejandra Torrijos y Amanda Marton.
Dirección de Arte: Mariana Tirantte.
Diseño Audiovisual: José Jiménez y Blas Lamagni.
Música Original: Sebastián Schachtel.
Diseño de Movimiento y Coreografía: Jazmín Titiunik.
Iluminación: Ricardo Sica.
Duración: Entre 60 y 70 minutos.













