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ENFOQUE CUBANO

Periodismo Cultural

Entre el río y la memoria



Crónica de una tarde en el Museo Maurice van de Maele  «Frágil como un volantín»

Por: Ismael Almeida. 
Comenzar a recorrer Valdivia es siempre una experiencia visual imponente. La luz de la tarde sobre la feria fluvial y la costanera despliega una estampa de postal viva, donde el río Calle-Calle parece mecer la rutina diaria de la ciudad con una calma engañosa. Sin embargo, basta cruzar hacia los espacios del patrimonio para que el paisaje exterior dé paso a un contraste inmenso, profundo y necesario.

Ese tránsito entre la belleza natural de la ribera y las cicatrices de la historia nacional fue también el escenario de la inauguración de la muestra «Frágil como un volantín». La jornada inaugural comenzó a las cinco de la tarde en el Teatro Regional Cervantes y continuó una hora más tarde en el Museo Histórico y Antropológico Maurice van de Maele, donde la actividad congregó a cerca de treinta personas.





El juego interrumpido y las infancias de otra época

La exposición, estructurada como un recorrido intergeneracional en torno a la democracia, los derechos humanos y las infancias interrumpidas, propone una lectura profundamente humana de nuestro pasado reciente. Durante la presentación, la explicación del guía se centró en ilustrar cómo era una época en que el espacio público y la libertad de jugar en las calles sufrieron un quiebre drástico.

La metáfora del volantín —frágil, dependiente del viento, del hilo y de manos que lo cuiden— cobró una dimensión física y emocional dentro de las salas del museo. No se trató solo de observar objetos o documentos de archivo, sino de comprender cómo la violencia política alteró irrevocablemente la cotidianidad y los juegos de toda una generación.






Abuelos, abuelas y el valor del testimonio vivo

Lo verdaderamente emocionante de la jornada no residió únicamente en el montaje museográfico, sino en quienes conformaron el público. La presencia de abuelos y abuelas compartiendo el espacio aportó una densidad testimonial incalculable. Eran ellos y ellas quienes, al mirar las vitrinas y escuchar las reflexiones, recordaban de primera mano la época que les tocó vivir como niños, transformando la inauguración en un ejercicio activo de memoria colectiva.

Entre las vistas majestuosas del río y la atmósfera solemne del emblemático museo en Isla Teja, la jornada dejó en evidencia que las nuevas generaciones —aquellas que hoy disfrutan del Chile actual— tienen el deber imperativo de conocer la historia de entonces desde esa ingenuidad despojada que fue arrebatada. Espacios como este hito inaugural nos recuerdan que la memoria no es solo archivo, sino la fibra viva que aún palpita en quienes sobrevivieron para contarla.